sábado, 30 de julio de 2016

Simbiosis contraria

Conectados al igual que lo hace una manzana a la batidora.

Chuf. Chuf. Chuf.

Unidos como una cremallera rota.

Conectamos de forma similar a la que lo hacen un polo positivo a uno negativo. El aceite y el agua. El sol a la luna. Iluminas una de mis caras y ensombreces las otras.
Me ocultas.
Unidos estamos, provocándonos rozaduras, provocándonos llagas.
Me hieres.
Si tú te mondas, yo me oxido.
Si yo me caigo, tú te haces añicos.
Sintiendo tú el frío, yo tirito.
Sintiendo yo el calor de una llama, tú te quemas. Tú apartas la mano.

Y por fin abandono la seguridad del veneno de tus tentáculos. No obtengo nada en limpio de esta contradictoria simbiosis.

jueves, 16 de junio de 2016

El agujero

Lo ví.

Era pequeño pero mis ojos los veían inmenso, igual que un niño mira al mar pensando si meter el primer pie en él.

Ese agujero era el reflejo de aquello que no había vivido y de aquello que sí pero que quería olvidar.

Era el agujero de las cosas que ahogan, de las cosas ácidas, oscuras y rotas. En él había barro y podredumbre, pelo de gato y espinas.

Acercándome a él una áspera lengua golpéo mi cara.

Cogí la alfombra y, como tratando de ocultar la basura que no queremos recoger con la escoba, lo tapé esperando recordar que no podría volver a pisar allí.

martes, 7 de junio de 2016

¡Qué grima!

Tú me das grima. Tanta grima que no sé describir lo que me sucede. Me das grima si me tocas la corva. Si te trago como una pastilla. Si te araño, con tu textura de papel. Me das grima cuando te rasco con un tenedor. Cuando muerdo la toalla que seca tu triste corazón.

No lo soporto más. Para de dibujar pensamientos de tiza en el aire. Aprieto los dientes. Siento un escalofrío.

Es hora de poner fin a la dentera que me produces.



jueves, 7 de abril de 2016

Silencio


Tú eres el silencio de una habitación oscura en la que no me quiero quedar. Eres el silencio de un plato vacío en el que solo hay las espinas de la cena. De un sucio contenedor después de la una de la noche.

Eres lo que se escucha cuando los niños abandonan el parque al caer la tarde. Una nota que se apaga. Una radio que pierde la señal. Un avión que se aleja entre las nubes.

Eres el silencio de un local cuando sale el último borracho por debajo de la verja. De un reloj de cuerda sin cuerda. De un pájaro sin voz. De un piano sin pianista.

Eres silencio que todavía resuena en mis tímpanos perforándolos con cada inexistente fonema.

Apágalo. Apágalo para que pueda volver a escuchar tu respiración.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Antítesis del cortejo


Cuando suenas, escucho la savia circulando por las hojas y los tallos de mi cuerpo. No oigo.
Cuando suenas, mi pelo desprende olor a nieve y tierra caliente. No huelo.
Cuando suenas, me haces cosquillas en el tímpano. No siento.
Cuando suenas, el fuego se prende en mis pies y se mete en mis entrañas. Me para.
Cuando suenas, sudo melódicas notas que se mezclan contigo. No exudo.
Cuando suenas, estoy hipnotizada. No estoy. No estamos.
Cuando suenas, soy viento. Soy oxígeno. No respiro.

Y sin embargo, vivo más fuerte que nunca.