
Ahora que cada vez está más cerca el verano recordaré....
Arnela, una calita de las múltiples que hay en la ría de Sada. Una playa pequeña, yo diría que hasta enana... un tanto paradisíaca (aunque los años, la suciedad de la gente no noruega y el cemento han hecho mella en ella). Pero especial. Horas y horas de buceo en sus aguas, horas y horas de construir castillos con ogros imaginarios en su arena y horas y horas de búsqueda de tesoros ficticios entre sus rocas... Y es que, sobretodo, en Arnela desarrollé la imaginación. Quería ser una sirena cuando navegaba en la Gandaia y pensaba que las aletas formaban parte de mi cuerpo, aleteando con las piernas juntas como si mi padre vigilante fuera Ulises... Entre las algas, me creía un buscador de reliquias marinas. Así es que me llevaba para casa todo lo que encontraba, desde una piedra con forma de luna, hasta el esqueleto de un erizo. Incluso recuerdo un día en el que pensamos encontrar una nueva especie de cigala-faneca con cola de pez y patas de centollo... Nunca lo sabremos...
Y en tierra, mi cubo con circulitos de colores era el estanque particular durante las horas de playa. Lo llenaba de camarones, cangrejos (la más complicada de las adquisiciones...) Y al final del día, como buena ecologista, lo devolvía todo al mar. Pero lo nuestro también era la arquitectura. Solíamos cavar pozos profundos, en los que nos cabía el brazo. Dos. Uno junto al otro y comunicado en la profundidad. Como si de un túnel se tratase... Ese era el mejor momento: el instante en el que las manos de los dos arquitectos se juntaban por debajo de la arena, logrando el fin de la obra. Y después, sesión cocina con las albóndigas sobre lecho de alga marina y un refinado gusto a piedrilla de arena...
Cuando subía mucho la marea, el mar usurpaba el espacio a la arena y a las pulguitas, que se arremolinaban en torno a nuestros pies, haciendo las cosquillas casi insoportables. Y era entonces cuando subíamos a las más altas rocas, creyéndonos escaladores, pensando que nuestra vida estaba en peligro si la piel tocaba el agua salada.
En la roca más alta de Arnela fue donde acabé Cien años de soledad. Y soñé... También soñé. Allí, con el ruido de las olas y leyendo en voz alta con mi madre las historias de bebés con cola de cerdito y de Úrsulas, Amarantas y Aurelianos. Me trasladé hasta ese pueblo tan extraño y fantástico.
Y fue allí donde vi el hielo. En el Macondo de la imaginación. En Arnela vi el hielo. En la propiedad privada de nuestros pensamientos...
Arnela
7 comentarios:
"En Macondo comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver"
Creo que é inevitable sentir nostalxia dos sitios nos que viches á felicidade. Seguro que é mellor non voltar, para non decepcionarnos. Pero sabemos que eses lugares son nosos e nadie vai ser quen de sacarnolos.
Que texto tan bonito Andre, a inspiración estaba contigo hoxe.
Todos os bicos.
Andre...
cómo me gusta a entrada de hoxe...
fago unha pausa no meu estudo das revistas e xornais portuguesas para darche os parabéns por estas liñas que me lembraron momentos...
Cien Años de Soledad ou a árbore xenealóxica Buendía... fíxome lembrar ao feiticeiro Melquíades...e o poder que ti tes para potenciar con este texto, hoxe, a miña imaxinación...
mil beijos
No voy a ser menos y por supuesto voy a alabar este texto tan bonito. jaja tiens razon..cuando haciamos aquellas grandes excavaciones el mejor momento era el del encuentro de las manos xD... aunque yo me qudo con nuestros remakes del anuncion de VIP EXPRESSSSSSS xDDDD
Aunque te lo dire despues in person, ánimo mañana!!!!! t voy a comprar una docena de Red Bull o algo así xD
Un Besote wapisisisisima ;)
Arnela es una de las playas con más encanto... Aunque todas esos sentimientos se pueden tener en millones de sitios.
Es un texto bonito. Yo acabé de leer Cien años de soledad debajo de un pino, y me acuerdo que, mi perro, como si acabase de comprender que había crecido mi mente 1 año más, ladró para celebrarlo.
Hay momentos en la vida que son trascendentales. Tengo que contarte a ti, y a Marta, cómo fue la fiesta de ayer. Teníais que haber venido. Fue muuuuuuuuuuy trascendental ;)
Qué bonito neni!. Lástima de los que no sabemos nadar y nos perdemos esos momentos de caza submarina (aunq igual es mejor así, ya sabes que yo soy mala ecologista y probablemente me olvidaría de devolver las cosas al mar!)....... A ver si este verano me haces unas albóndigas de esas en cualquier playa...
Bikiñossssssss
ohh, que bonito!!!
yo tengo recuerdos muy bonitos de Sada de cuando veraneaba de peque!:)
nostalgia...
te agrego a la lista de enlaces de mi flog señorita!!
Un besote!!
jenny
Eiiii Nueva comentarista en el blog!!! Fiestaaaaa Gracias por escribir Jenny. Espero que lo hagas a menudo. Yo lo haré. Quedas agregada. Un bico.
Y gracias al resto por los piropos a la actualización :)
Publicar un comentario