Como cada mañana me levantaba para trabajar. Suelo ir a la cafetería que hace esquina al final de mi calle. Me gusta, porque siempre hay muy poca gente y el clarito con tostadas acompañadas por mantequilla y mermelada de fresa son de los mejores manjares. Ese día, me levanté tarde. Digamos que estaba un poco despistada. Al llegar a la cafetería me di cuenta de que tenía unas ganas de mear impresionantes con lo que me dirijí al cuarto de baño. Es una manía pero soy incapaz de hacer pis sin sentarme, con lo que, como solución, pongo papel alrededor de la taza. Y ahí empezó todo. Acabé, salí por la puerta y justo donde empezaban las mesas noté que alguien me tocaba cuidadosamente la espalda. Me di la vuelta y vi a un chico, joven, de mi edad, que me miraba y se reía:
- Perdona que te moleste pero es que llevas colgado del pantalón en plan rabito un pedazo de papel higiénico...
Fue instantáneo. Yo y mis coloretes se confundían haciendo juego con el tapiz de las sillas del bar. Me lo saqué rápidamente y titubeando le respondí:
- Mu mu mu chas gracias. Qué vergüenza... Perdón...
- Nada nada, no te preocupes. Supuse que querrías saberlo -dijo entre risas-. Y claro, si te lo sacaba yo... podrías interpretarlo mal.
- Ehh... si bueno jeje.... Gracias de nuevo....
No podía creerlo. ¿Por qué siempre me pasaban a mi esas cosas? ¿Quién estaba haciendo vudú conmigo? Me senté, nerviosa. Casi diría que histérica y empecé a mordisquear la tostada leyendo el periódico. Ni me había fijado cómo era el chico, así que levanté la cabeza del conflicto con los funcionarios municipales en A Coruña, buscándolo con la mirada. Increible. El hombre no estaba nada mal. Aun encima. Tenía un aire a un cantante famoso... este que siempre se despelota en los conciertos y en los video clip. Más palo todavía. Pelo corto, rapado, barba de una semana, chaqueta con capucha, pantalones cortos, típicas converse y piercing en el labio inferior. Justo cuando me estaba fijando en que tenía los ojos verde claro, alza la cabeza y me mira. Andrea.... baja la mirada... No no! La tostada no! Mieeerrrrrdaaaaaaa. Ya era tarde. La tostada, con su mantequilla y su mermelada pegañenta había caído sobre mi pantalón. Coloretes de nuevo. Y aquellos ojos verdes mirándome. Se reía. De nuevo se reía. Joder, ¿por qué no diría en el trabajo que estaba enferma? ¿Quién me mandaría levantarme? Cogí una servilleta de estas de "gracias por su visita" para limpiarme. Lo único que ocasionó fue que la mancha se esparciera más. En esas estaba cuando escuché: "Mira, perdona".
- ¿Sí? - Levanté la cabeza. Era él.
- Normalmente no me levantó así porque sí de mi mesa y le voy a hablar a nadie, pero es que me causa gracia tu actitud nerviosa después de lo que ocurrió. Empiezas un día no muy bueno ¿eh?. ¿Puedo sentarme?
- Sí, bueno. Sí, la la verdad es es que sí. Sólo a mi me pasan estas cosas... En fin... lo que tú dices no es mi mejor día. Soy un tanto estúpida. Pero no te pienses. A mi esto me pasa con frecuencia. Soy un desastre.
En ese momento, suena el teléfono. Era mi jefe. Que no fuera a trabajar, que me necesitaban al día siguiente de noche con más urgencia. Me daba la mañana libre.
- Bueno, al final, aun menos mal. No trabajo hasta la tarde.
- Ves, no todo es tan malo como parece. ¿Y a que te dedicas?
- Trabajo en un periódico gratuíto. En el ADN. Una pringada vaya. Pero es lo que hay. Acabé la carrera hace tres años y así estamos. ¿Tú?
- Yo soy topógrafo. Bueno, me presento. Me llamo Eduardo.
- Hola encantada. Yo Andrea. Bueno, Andreia.
- Anda, nombre curioso. ¿De qué viene?
- Pues supuestamente es más gallego. Pero significa valentía en griego. Lo que pasa es que en la antigua Grecia era una cualidad de hombre. En definitiva, que tengo nombre de marimacha...
- A mi me gusta. Es curioso.
- Bueno gracias.
La situación se estaba haciendo un poco incómoda. Pero no se. Me tenía algo. Como un aire interesante. Un achilipú. Y yo que pensé que eso de hablar con un hombre desconocido solo pasaba en las películas... Pero así seguimos durante dos horas más. Y en esas dos horas, no hice ninguna estupidez. Al principio, seguía estando tensionada. Pero luego me relajé. Nos relajamos los dos. Me contó dónde vivía, qué había estudiado... Hablamos de las noticias del periódico, del café, de mi pantalón manchado... Y cada vez tonteábamos más. Le gustaban mis rizos. A mi me gustaba todo él la verdad.
- Oye mira, yo me tengo que ir. Pero no tengo nada que hacer de noche y la verdad, creo que después de haber reunido la cara suficiente como para venir hasta aquí, sería un error no invitarte a tomar una copa. Y también sería un error el decirme que no porque le contaría a todo el mundo que salías con un pedacito de papel a lo ratita presumida...
De tirados al río, acepté.
La tarde se me pasó rápido. La verdad, no estaba muy convencida de quedar con él pero al final mereció la pena. Fuimos a un pub a tomar una cerveza y luego a dar un paseo. Dije muchas tonterías pero a él parecía que le gustaban. Que se reía conmigo y no de mi. A eso de medianoche, le dije que me tenía que ir que vivía cerca del bar donde nos habíamos conocido. Él me respondió que entonces acabaríamos el día donde lo habíamos empezado. Y allá fuimos. En la puerta de la cafetería me dijo:
- Llegados a este punto, me despido. Ha sido un día raro la verdad. Pero ha estado bien.
- Si. La verdad es que sí.
No le iba a proponer un plan alternativo a irnos cada uno a su casa. Pero sí le dije que podía acompañarme hasta el portal. La distancia que nos separaba era cada vez más corta. Cuando llegamos al número 42, cerca del cine Valle Inclán, era cortísima. Nuestras manos se rozaron. Me apartó uno de los rizos de la cara. Se estaba acercando. No me lo creía. Me estaba besando. Un beso suave, delicado, de estos que parece que duran una eternidad y al mismo tiempo menos de un segundo porque quieres más. "Sube", le dije.
Y subió. Cerré la puerta y continuó besándome. Cada vez, besos más intensos. Mi corazón se aceleraba. Caminamos hasta el salón. Nos tumbamos en el sofá. Me bajaba la tira del sujetador lentamente, mientras me besaba por el cuello. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.
En ese momento, me desperté.
Porque estas cosas, realmente, solo ocurren en las películas.
7 comentarios:
Si en vez de una cafetería le pones un pub y en vez del papel higiénico como escusa una pulsera de pinchos... Ahí tienes el principio de lo mio.
:)
Porque esas cosas si que acaban pasando
Un bico enorme ghuapa
El mejor final sería que no lo volvieses a ver... A mi me gustaría.
Un besito.
A ver si os veo mañana porque ya se me esta pasando el enfado con laura... Es broma
Me voy hoy por la noche asique mañana os telefoneo y cafe, pitillos y cervezas por un tubo.
Un beso enorme andre
si en vez de ser por la mañana es x la noche, y en vez de cafes,hay cubatas....ahí estoy yo con mi papel higiénico a lo rabo,xo sin chico...
un bico muy grande
Qué remezcla de datos y de sueños!!
..................... Y cada día me convenzo más de que jamás podrás convencerme de que sueñe con eso........... Se siente, pero tendrás que seguir lidiando eternamente con la Señorita Extremito Piedra Pómez!!
Bikosssss
Eu aínda nunca tiven un episodio Bridget con papel hixiénico. Pero todo se andará.
Un bico.
Pues obviamente en la historia de este personajillo muchas cosas son invencioneiens, otras sin embargo, como algun detallito referente a sus andaduras más recientes, son verdad, al igual que...LO DEL PAPEL HIGIENICO!!! xq hubo un dia no demasiado lejano en el que por supuestisimo le pasó!!! XD
No tiene porque ser en pub ni cafetería, cuando menos te lo esteperes...siempre es asi!
MUA
por que todo o mundo se quedo unicamente co rollo do papel higiénico de toda a historia??? Asta que leín os comentarios nin me acordara del...jeje
ANDRE, ANDRE, como andamos¡¡¡¡
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