Como cada mañana me levanto un poco más tarde de lo habitual. Es domingo. Abro la contra, la ventana, cojo mis zapatillas y bajo a desayunar un delicioso café que le mango a mi madre, mientras leo el periódico. Hoy ya se lo que toca: comida familiar. ¿Qué significa?
Pues una comida familiar en mi casa significa que mi casa se llene de coches (seis en total), de ruido, discusiones, ocurrencias de mis primos, frases del tipo: ¡Pero diles que se sienten a comer!; María, échame agua; ¿Donde está la madre del niño?; ¿Os sentais a comer de una vez?; Mierda, se me quemó el cocido... Como a alguien se le ocurra decirlo...; No, no se quemó, son los chorizos, que son ahumados; Fran! Te vas a poner como un odrete!; María, apaga la Nintendo; ¡Yo soy muy zopenca para estos juegos!........................ Y un largísimo etcétera.
Pero últimamente, los domingos son un reflejo de estas series en las que van apareciendo personajes para seguir manteniendo la acción y atraer a la audiencia. Antes nos juntábamos trece (quizás es por eso, por lo que al final se solían convertir en domingos fatídicos). Ahora, somos quince. Porque al acento gallego de mi padrino, al mío, al poquito asturiano que le queda a mi otro tío... se ha unido un nuevo acento proveniente del otro lado del océano. Un acento que no tiene acentuación, que trata de usted a todo el mundo. Vos saben a cual me refiero: el argentino.
Ahora, la mesa de la bodega está ocupada en su totalidad. Las botellas de vino bajan más y más, así como el licor café "Cojonudo". Las mujeres servimos la mesa (como si de una familia castellano vieja se tratase) y los hombres, el vino. Nos sentamos enfrentados: hombres y mujeres (excepto mi tía Bea, que es intrusa en el lado macho). Y en la cabecera, como no: La maaaama (o sea, mi abuela). Y a su lado, yo y mis primos. Es decir, que yo me encargo de los "niños" (incluida mi abuela). Mi abuela que guarda en su regazo su bien más preciado. Bush le ha d
ado consejos personalmente: como invadir un país (la mesa) para obtener el producto (el agua). Incluso yo creo que pone más empeño mi abuela en retener el agua, que Bush con el petróleo.
Este domingo, "as bruxas e satiros" nos acompañaron para comer. En una cazuela de barro chamuscada, mi padre hizo una queimada. Y yo me sentía como los argentinos que nunca antes la habían ni visto ni probado. Sí, triste pero cierto.
Parece ser que a mi padre todavía le duran los recuerdos de andar tirado por los contenedores de basura. Pero no se acordaban del conjuro. Así que entre Santiago y Paco, cada uno con sus dos acentos característicos hicieron los honores, leyéndolo de un libro de recetas gallegas.
Y es que en mi familia, todo es especial.
Una mezcla de película inglesa, ahora de película o serie española. Y quien sabe, el día de mañana, a lo mejor imitamos las americanas, con algún suceso paraanormal o ciertas escenas de acción. ¿O ya las imitamos ahora? Hagan sus apuestas.
Pues una comida familiar en mi casa significa que mi casa se llene de coches (seis en total), de ruido, discusiones, ocurrencias de mis primos, frases del tipo: ¡Pero diles que se sienten a comer!; María, échame agua; ¿Donde está la madre del niño?; ¿Os sentais a comer de una vez?; Mierda, se me quemó el cocido... Como a alguien se le ocurra decirlo...; No, no se quemó, son los chorizos, que son ahumados; Fran! Te vas a poner como un odrete!; María, apaga la Nintendo; ¡Yo soy muy zopenca para estos juegos!........................ Y un largísimo etcétera.
Pero últimamente, los domingos son un reflejo de estas series en las que van apareciendo personajes para seguir manteniendo la acción y atraer a la audiencia. Antes nos juntábamos trece (quizás es por eso, por lo que al final se solían convertir en domingos fatídicos). Ahora, somos quince. Porque al acento gallego de mi padrino, al mío, al poquito asturiano que le queda a mi otro tío... se ha unido un nuevo acento proveniente del otro lado del océano. Un acento que no tiene acentuación, que trata de usted a todo el mundo. Vos saben a cual me refiero: el argentino.
Ahora, la mesa de la bodega está ocupada en su totalidad. Las botellas de vino bajan más y más, así como el licor café "Cojonudo". Las mujeres servimos la mesa (como si de una familia castellano vieja se tratase) y los hombres, el vino. Nos sentamos enfrentados: hombres y mujeres (excepto mi tía Bea, que es intrusa en el lado macho). Y en la cabecera, como no: La maaaama (o sea, mi abuela). Y a su lado, yo y mis primos. Es decir, que yo me encargo de los "niños" (incluida mi abuela). Mi abuela que guarda en su regazo su bien más preciado. Bush le ha d
Este domingo, "as bruxas e satiros" nos acompañaron para comer. En una cazuela de barro chamuscada, mi padre hizo una queimada. Y yo me sentía como los argentinos que nunca antes la habían ni visto ni probado. Sí, triste pero cierto.
Parece ser que a mi padre todavía le duran los recuerdos de andar tirado por los contenedores de basura. Pero no se acordaban del conjuro. Así que entre Santiago y Paco, cada uno con sus dos acentos característicos hicieron los honores, leyéndolo de un libro de recetas gallegas.
Y es que en mi familia, todo es especial.
Una mezcla de película inglesa, ahora de película o serie española. Y quien sabe, el día de mañana, a lo mejor imitamos las americanas, con algún suceso paraanormal o ciertas escenas de acción. ¿O ya las imitamos ahora? Hagan sus apuestas.
1 comentario:
Ayyyyyyy
Ya sabes que esta mujer antifamiliar a veces desearia tner tu familia...
Nunca llueve a gusto de todos
Bikossss
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