El Gran Todopoderoso hace que las flores abran sus capullos y que las mimosas comiencen a oler. Que las serpientes despierten de su letargo y que los lagartos cierren los ojos encima de las piedras.
Pero lo más grande que tiene el Gran Todopoderoso es que existe y es real. Para mi es el sol que dibuja las sombras en la arena. Y no, no soy religiosa pero podría venerarlo. De hecho todos lo hacemos lanzándonos a las terracitas y paseos marítimos en un ritual de sacrifico perfecto cuando se asoma después de una semana de lluvia y viento.
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